Document belonging to the Greek Mythology Link, a website created by Carlos Parada, author of Genealogical Guide to Greek Mythology



La Guerra de Troya

English


Secciones en esta página



Athena and her protégé Diomedes 2 | Atenea y su protegido Diomedes 2



Causas de la guerra

Permanencia de la guerra

Creen algunos que los amantes, siendo transitorios, no podrían inventar el Amor, que es inmortal y los crea a ellos. Otros suponen que los amantes inventan el Amor, despertándolo con gotas de aceite o sangre. De manera parecida, creen algunos que es la guerra quien crea e inspira los guerreros, mientras que otros suponen que a la guerra la inventan ellos, con gotas de aceite o sangre. No hay acuerdo en las causas de las cosas. Y huelgan las causas cuando una guerra estalla. No hay circunstancia, chica o grande, que no pueda transformarse en causa, con gotas de aceite o sangre.

Al hallarse las causas

Se desea encontrar una causa, o varias, pues al hallarlas parece como que despertaran los sesos de los hombres. Pero al hallarlas, no se coincide ni en su valor ni posición en la cadena de los hechos, y las tentativas de desenmarañamiento ayudan menos al juicio que a la ofuscación y la discordia.

Una multitud de causas

Algunos dicen que Helena causó la guerra al abandonar marido, hija y hogar para irse detrás de un seductor extranjero. Y como se convirtió en el foco de feroces luchas que apagaron muchas vidas, recibió el título «Dama del Dolor», junto a varios otros:

«¡Hija de la Maldición Perseguidora, de la Envidia, del Asesinato, de la Muerte, de todas las plagas de la tierra!» (Andrómaca. Eurípides, Las Troyanas 769).

Pero otros afirman que Paris fue el causante de la guerra. Aducen que desconoció las leyes de la hospitalidad al llevarse la esposa de su anfitrión, y al subordinarlo todo a la seducción y los placeres del amor. Su propio hermano le reprochaba:

«¡Miserable Paris, el de más hermosa figura, mujeriego, seductor! Ojalá no te contaras en el número de los nacidos o hubieses muerto célibe.» (Héctor 1 a Paris. Homero, Ilíada 3.39).

Piénsase también que Paris y Helena no habrían podido convertirse en amantes si Menelao no hubiese ido a Creta a celebrar El Funeral de Catreo, diciendo a su esposa cuando partía:

«Atiende mis negocios, al hogar, y a nuestro huésped de Troya.» (Menelaus to Helen. Ovid, Heroides 17.160).

También se arguye que la seducción de Helena no habría tenido consecuencias si los PRETENDIENTES DE HELENA no hubiesen tomado «El Juramento de Tindáreo», que Odiseó concibió al enamorarse de Penélope. A causa de dicho juramento, viéronse obligados los soberanos de la Hélade a adherirse a la alianza que atacó Troya. Sin juramento no hay alianza; sin alianza no hay guerra.

«... al confrontar las crueles nubes de la guerra, sacrificamos los años de nuestra hermosa juventud.» (Simónides, hacia 556-468 a.C.).

"Locos sois, los que os esforzáis en pos de la gloria de los combates, creyendo que las belicosas lanzas alivianarán los agobios de los mortales. Nunca cesarán la luchas entre ciudades mientras sea la sangre el árbitro de la paz.» (Dencellas cautivas en Troya. Eurípides, Helena 1150).

"¡En vano hemos hecho sacrificios! Sin embargo, si no nos hubiera Dios derribado y sepultado bajo la tierra, nos habríamos desvanecido sin conocer la fama; jamás se habrían cantando himnos sobre nosotros, ni le habríamos dado a la posteridad motivo de canciones.» (Hécuba 1, Reina de Troya. Eurípides, Las Troyanas 1240).

"Was unsterblich im Gesang soll leben
Muss im Leben untergehn."
(Friedrich von Schiller 1759-1805. Die Götter Griechenlands).

A estas causas, se podría añadir otras, y así se ha hecho en el correr del tiempo. Quienes, por ejemplo, suponen que el oro es causa única de toda disputa (sin poder concebir que el rapto de una reina pueda constituir un casus belli), han afirmado, en épocas recientes, que fueron intereses comerciales los que causaron la conflagración que arruinó a tantos reinos de la Hélade y de Asia.

La voluntad del Cielo

Piensan otros que todo se origina en el Cielo, obedeciendo la guerra a la voluntad de Zeus, que quería que su hija ganara fama por haber trabado a Europa y Asia en mortal conflicto.

Los que creen haber penetrado las mentes de las deidades, afirman que el Cielo quiso enaltecer la raza de los semidioses. Y como los que suponen conocer la divina providencia se creen más iluminados que otros, tampoco hay acuerdo, en el seno de esta informadísima raza de mortales, sobre la voluntad e intenciones de los dioses con respecto a la humanidad.

La nereida Tetis

Se ha sugerido que si Zeus si hubiera casado con la nereida Tetis, las cosas habrían sido diferentes. Pero la titánide Temis (o Proteo 2, o las MOIRAS, o Prometeo 1) vaticinó que Tetis sería madre de un hijo que, al crecer, sería más fuerte que su padre. Temieron Poseidón y Zeus, que se habían disputado la mano de Tetis, este vaticinio, y Zeus dictaminó, para eliminar la amenaza, que la nereida se casara con Peleo.

Otros dicen que Zeus la castigó, casándola con un mortal, porque ella se negó a tener amoríos con el marido de su nodriza Hera, a quien respetaba.

La manzana de Eris

Cualquiera sea el caso, se casó Tetis con un ser humano, y por razones que los mortales desconocen (pero que acaso simplemente se deriven de la naturaleza de las cosas), Eris (la Discordia) no fue invitada a la fiesta de bodas. Pero siendo esta diosa bastante pegajosa, se las arregló para aparecerse en el banquete y por una puerta arrojarle a los invitados una manzana de oro con la dedicatoria:

«Para la más bella.»

Según se cuenta, se produjo una disputa entre Hera, Atenea y Afrodita, y Zeus las envió al Monte Ida, cerca de Troya, para que sus respectivas bellezas fueran juzgadas por el pastor Paris. Para algunos esta historia es incoherente:

«¿Por qué razón habría deseado Hera ese premio? ¿Sería acaso para obtener un marido más noble que el propio Zeus? ¿Por qué saldría Atenea a cazar marido, a quien tanto le disgustaba el matrimonio que había obtenido de Zeus el don de permancer soltera?» (Hécuba 1 a Helena. Eurípides, Las Troyanas 979).

El Juicio de Paris

Paris, que hasta entonces había vivido de pastor pero que pronto sería reconocido como príncipe e hijo de Príamo 1 y Hécuba 1, juzgó que la más bella era Afrodita, luego que la diosa lo sobornó con la mano de Helena.

Un emperador romano y un clasicista moderno (entre otros) descubrieron que fue aquella la elección de un «hombre sensual», sugiriendo que la sensualidad condujo a la seducción y ésta a la guerra. Sin embargo, no resulta fácil ver cómo otra elección habría preservado la paz. Atenea había intentado sobornar al juez con el gobierno de Frigia y la destrucción de la Hélade (o con victoria en las guerras), y Hera le había ofrecido, además de riquezas, el domino sobre Asia y Europa.

El rapto de Helena

De cualquier manera que eso sea, Paris eligió el amoroso regalo de Afrodita, y protegido por la diosa, navegó a Esparta determinado a engañar a Menelao y seducir a Helena. Al llegar a este punto, hay quien dice que si la historia de las tres diosas en el Monte Ida tuviera sentido, la propia Afrodita habría llevado Helena a Troya, añadiendo que la diosa no estaba en ningún lado excepto en las cabezas de Paris y Helena.

Nueve días hospedó Menelao a Paris en Esparta. Al décimo día, Menelao debió irse de viaje a Creta para asistir a la celebración del Funeral de Catreo. Durante la ausencia del marido legítimo, Paris convenció a Helena de huir con él. Abandonó ella a su hija Hermíone, que entonces tenía nueve años, y cargando tesoros en la nave, se dio a la vela con su amante durante la noche.

El Funeral de Catreo

La muerte de Catreo, abuelo de Menelao, fue un hecho fortuito y desgraciado. Porque al irse a Creta para presenciar las obsequias, Menelao dejó a su huésped y a su mujer solos en el palacio de Esparta. Estos aprovecharon la espléndida oportunidad que les ofrecía la ausencia del marido para convertirse en amantes, escapando a Troya luego de cargar el bajel con los tesoros espartanos. Podría, pues, suponerse que sin el Funeral de Catreo no habría habido Guerra de Troya. Pero no acostumbra a relacionarse la muerte misma de Catreo con la cadena de acontecimientos que desembocaron en la guerra.

(Véase también «Guerra de Troya: Acontecimientos relacionados».)

El Juramento de Tindáreo

Ahora bien, el rapto de Helena no necesariamente debía conducir a una guerra. Como se ha señalado, nunca antes había estallado una guerra por el rapto de un mujer. Quienes sostienen este punto de vista llaman la atención sobre otros raptos, como el de Medea por Jasón o el de Ariadna por Teseo. Ninguno de ellos fue causa de conlicto armado.

Pero el caso de Helena fue diferente. Cuando Menelao, al retornar a Esparta, percibió la magnitud de sus pérdidas, le pidió a su hermano Agamenón que mobilizara un ejército contra Troya a fin de vengar el ultraje y asegurar la devolución de su esposa y los bienes robados. Agamenón envió heraldos a los reyes de la Hélade para recordarles El Juramento de Tindáreo, que ellos, como PRETENDIENTES DE HELENA, habían jurado, y para advertirles que se había afrentado a toda la Hélade. Así se obligó a los PRETENDIENTES DE HELENA—reyes y príncipes de muchas ciudades—a respetar el juramento que habían hecho y aceptar la demanda de Agamenón.

Habíase concebido aquel juramento porque Tindáreo—padre terrenal de Helena—temía que la elección de un pretendiente pudiera inducir a los otros a provocar actos de violencia. Considerando ese riesgo, Odiseo prometió aconsejar a Tindáreo si éste lo ayudaba a obtener la mano de su sobrina Penélope. Al aceptar Tindáreo el trato, Odiseo propuso que se les hiciera jurar a los PRETENDIENTES que defenderían y protegerían a quien fuera elegido como esposo de Helena de cualquier agresión que sufriera en relación a su matrimonio.

Así se concibió El Juramento de Tindáreo, tratado por el que se obligó a muchos soberanos de la Hélade a castigar a Paris y a los troyanos que lo protegían.

La alianza

En obediencia pues a ese juramento, se constituyó la coalición que zarparía a Troya para obtener, por las buenas o por las malas, la devolución de Helena y los tesoros espartanos, que el seductor Paris, violando toda norma de hospitalidad, había robado.




De izquierda a derecha: Menelao, Paris, Diomedes 2, Odiseo, Néstor, Aquiles y Agamenón



Las Fuerzas

La mayor parte de los jefes militares de estas fuerzas son, al mismo tiempo, jefes de gobierno. En la actualidad, los gobernantes ya no participan personalmente en las batallas, pero desde los tiempos homéricos hasta el siglo XIX, los jefes de gobierno tenían el hábito de arriesgar sus propias vidas en el campo de batalla.

Las fuerzas de Agamenón (aqueos)

Agamenón fue el generalísimo de todas las fuerzas que zarparon contra Troya, por ser el más poderoso soberano de Occidente. En la Hélade, existían muchos reyes y dinastías, pero era él el jefe supremo. Aunque los diferentes reinos parecen haber gozado de distintos grados de independencia, eran comunes los estados vasallos en la época de Agamenón, y más aún en la época del reinado de su hijo Orestes 2, que extendió el poder de su dinastía a nuevos territorios.

Aqueos, dánaos y argivos

Los que lucharon al mando de Agamenón fueron llamados aqueos, dánaos o argivos. Los aqueos proceden originariamente de Tesalia (en la Grecia continental), pero luego se instalaron en Argos y Lacedemonia (sur del Peloponeso). Ahí se mezclaron con los dánaos (súbditos de Dánao 1 y sus descendientes), y vivieron en esa región hasta el retorno de los HERACLIDAS. La Aquea propiamente dicha se encuentra, sin embargo en el norte del Peloponeso. Se llamó dánaos a los habitantes de Argólide, por ser descendientes del inmigrante africano Dánao 1, padre de las DANAIDES. Dánao 1 escapó de Egipto y llegó a Argos (en Argólide), en donde el rey Gelanor le cedió (como se dice) el poder. Una vez que Dánao 1 se hizo dueño del país, llamó a sus habitantes dánaos. Finalmente, estos pueblos fueron llamados argivos por vivir en Argólide. La mezcla de aqueos y dánaos se describe a través de los casamientos de dos hijos de Aqueo 1 (epónimo de los aqueos) con dos hijas de Dánao 1 (véase también Aquea, Argos, y el Mapa «Aqueos y Troyanos».)

El ejército de Agamenón

La armada consistía de aproximadamente de mil naves. Si se siguen los cálculos del General Tucídides (véase más abajo), el número de hombres estaría alrededor de los 100.000. (Para las contribuciones de los distintos jefes, véase JEFES AQUEOS. Véase además la lista de personas que lucharon en Troya junto a Agamenón, en AQUEOS.)

Fuerzas troyanas

El jefe supremo de Troya era el rey Príamo 1, pero el que comandaba las tropas era su hijo y príncipe heredero Héctor 1, a quien se recuerda como «el pilar de Troya» por su coraje y esfuerzos. Troyanos se llama a aquellos que estaban bajo el dominio de Príamo 1, habitaran o no la ciudad de Troya. Hay quienes han contado nueve (9) dinastías que reconocían a Príamo 1 como soberano supremo. Juntas representaban una gran parte de las regiones costeras de Asia Menor.

Una de estas dinastías (1) es la del rey Mines 2 de Lirneso, una ciudad al este del Monte Ida que fue saqueada por Aquiles. En ella capturó Aquiles a su querida Briseida, esposa de Mines 2. Otra dinastía (2) es la del rey Eetión 1 de Tebas, padre de Andrómaca, esposa de Héctor 1, príncipe heredero de la dinastía de la ciudad de Troya (3). En dicha ciudad fue capturada Criseida 3. Agamenón la mantuvo prisionera, negándose a aceptar las súplicas y el rescate ofrecido por su padre (sacerdote de Apolo), a quien humilló. Por esa razón cayó sobre Agamenón la cólera del dios, que aunque llamado «el luminoso», bajó del Cielo más negro que la noche para diezmar con una peste al ejército aqueo. El rey Altes de los léleges representa otra dinastía (4). Era padre de Laótoe 2, que tuvo un hijo con el rey Príamo 1, Licaón 1, cuya armadura usó Paris en su duelo con Menelao. Licaón 1 murió a manos de Aquiles. Eneas, hijo de Anquises 1, representa la dinastía de Dárdano (5), región cercana al Monte Ida. Pándaro, recordado por haber violado la tregua entre troyanos y aqueos al asaetar a Menelao, representa la dinastía de Zelia (6) La dinastía de Asio 1 (7), hijo de Hírtaco, parece haber compartido la región vecina a Abidos y Percote con la dinastía (8) de Mérope 1 (Adrasto 3 y Anfio 1). Hírtaco se casó con Arisbe, que había sido la primera esposa de Príamo 1. Su hijo, Asio 1, murió a manos del rey Idomeneo 1 de Creta. No es seguro si la novena dinastía (9) es la de la isla de Lesbos, que Aquiles saqueó, o la del misio Eurípilo 6, hijo de Télefo, hijo de Heracles 1. Eurípilo 6 murió a manos de Neoptólemo. (Véase la lista «JEFES TROYANOS», y la lista general de los defensores de Troja en «TROYANOS».)

Aliados de Troya

Además de los reinos cercanos a Troya, participaron en la guerra otros reinos de Asia Menor. Entre ellos se encuentran los etíopes orientales que comandaba Memnón, las AMAZONAS al mando de la reina Pentesilea, los licios al mando de Sarpedón 1, y otros (véase Mapa «Aqueos y Troyanos»).


Algunos episodios de la Guerra de Troya

Concentración de la flota en Áulide

Cumpliendo pues con el Juramento de Tindáreo, el ejército de Agamenón se reunió, dos años después del rapto de Helena, en el puerto beocio de Áulide (enfrente de la isla de Eubea). Luego de zarpar, atacaron Misia en Asia Menor, en donde fueron derrotados por Télefo en la batalla del río Caico.

Algunos años después (quizá ocho), se reunieron los aqueos otra vez en Áulide, apareciéndose Télefo para que lo curaran de una herida que había recibido en aquella batalla. Un oráculo había dictaminado que sólo Aquiles podía curarlo. Los aqueos concedieron este servicio y, en recompensa, Télefo los guió a Troya (véase más abajo: Condiciones para tomar a Troya).

Para que Télefo pudiera guiarlos, debían los aqueos zarpar de Áulide. Sin embargo, esto no era posible debido a vientos desfavorables. Frente a este fastidioso inconveniente, el adivino Calcante concibió una idea extraordinaria: declaró que la flota no podría zarpar si primero no se sacrificaba, en honor de Artemisa, a la más hermosa de las hijas de Agamenón. Pues de acuerdo con la profunda perspicacia del adivino, reclamaba la diosa compensación por haber oído ciertas irreflexivas palabras que Agamenón pronunciara mientras cazaba un ciervo.

Se cumplió con este requerimiento mediante engaños y falsas promesas, de manera de hacer venir de Micenas a Ifigenia. Y para calmar la impaciencia del ejército (o como el adivino decía, para apaciguar a la diosa), se le permitió a Calcante que llevara a Ifigenia al altar en calidad de víctima propiciatoria para allí asestarle en la garganta un corte fatal con su cuchillo, con el fin de domesticar a los vientos. Esta drástica medida no fue apreciada, y Aquiles se opuso a ella diciendo:

«¿Qué cosa es un adivino? Un hombre que dice unas pocas verdades y muchas mentiras.» (Aquiles. Eurípides, Ifigenia en Áulide 955).

Una vez consumada esta atrocidad, la flota pudo zarpar.

Ténedos

La flota aquea llegó en primer lugar a la isla de Ténedos, que se encuentra enfrente de la Tróade. Ahí Aquiles dio muerte al rey Tenes, pese a que su madre le había advertido que, si eso hacía, moriría a manos de Apolo, el padre de Tenes.

Pero así murió Tenes, y como eso ya no podía cambiarse, trataron los aqueos de apaciguar al dios con un sacrificio. Y mientras celebraban la ceremonia, salió una serpiente del altar que mordió a Filoctetes, a quien el ejército debió abandonar en Lemnos debido al hedor de una herida que parecía incurable. Sobrevivió Filoctetes su exilio en Lemnos, matando pájaros con el Arco y Flechas de Heracles 1 (véase Condiciones para tomar a Troya).

Filoctetes no reapareció en el frente troyano sino en el último año de guerra, cuando Aquiles ya había muerto.

Emisarios de paz

Al llegar a Tróade (región donde se encuentra Troya), los aqueos enviaron a Odiseo y Menelao como embajadores, a fin de convencer a los troyanos de que devolvieran pacíficamente a Helena y los tesoros espartanos. Los emisarios fracasaron en su intento. La asamblea troyana no sólo se negó a toda devolución sino que además amenazó de muerte a los embajadores. El traicionero crimen fue, sin embargo, impedido, gracias a la intervención de Anténor 1, uno de los Ancianos Dignatarios de Troya.

Anténor 1 apoyaba la devolución de Helena. Durante la guerra fastidió a las asambleas troyanas con su opinión. Cuando Troya cayó, los aqueos mostraron su gratitud y respeto por él, colgando una piel de leopardo en la entrada de su casa, como señal de que no debía saquearse esa residencia. Algunos han pensado que Anténor 1 y sus hijos traicionaron la ciudad al enemigo, y que esa es la razón de que los aqueos lo respetaran. Eso pensaron ... pero los ansiosos de lucha acostumbran a ver traidores y cobardes en todas partes.

De cualquier manera, fracasaron las negociaciones, y muy pronto se vieron los troyanos tratando de impedir el desembarco de los ultrajados invasores aqueos.

El desembarco

Al fracasar las negociaciones, se acercaron los aqueos con su flota. Unidades troyanas ofrecieron batalla en la playa. Para proteger la costa e impedir el desembarco recibieron a los invasores a pedradas.

Según Tetis, el primero en desembarcar sería el primero en morir. Este fue Protesilao, el jefe de Fílace en Tesalia. Desembarcó el primero, y luego de dar muerte a varios, cayó muerto a manos de un jefe dárdano, o a manos de Héctor 1, o de Cicno 1, rey de Colonas (ciudad en la Tróade).

Dicen que su esposa no pudo consolarse de su pérdida. Fabricó una imagen de él y tenía relaciones con ella. Al ver esto, los dioses se apiadaron y enviaron a Hermes para que trajera a Protesilao del Mundo Subterráneo. Cuando su esposa lo vio, pensó que había vuelto de la guerra y habló con él durante tres horas. Pero cuando Hermes se lo llevó de regreso al mundo de los muertos, ella se mató de una puñalada, no pudiendo soportar que su marido muriera dos veces. Algunos afirman que se icineró junto con la imagen que había fabricado. Se ha señalado que si su esposa fue Polidora 3 (como algunos afirman), ella sería la tercera mujer en su familia que se suicidó al saber de la muerte de su marido. Así lo había hecho su propia madre Cleopatra 4 cuando Meleagro murió, y su abuela Marpesa 1 al morir Idas 2. Protesilao fue enterrado en el quersoneso tracio.

Cicno 1, haya o no matado a Protesilao, murió asfixiado por Aquiles, pues se decía que era invulnerable y no podía ser herido ni por espada ni lanza. Otros afirman que Aquiles lo mató de una pedrada en la cabeza. Al morir, Cicno 1 desapareció de su armadura, y fue convertido en cisne por su padre, Poseidón. Los troyanos entonces buscaron refugio detrás de los muros de la ciudad, mientras los aqueos llenaban la llanura, iniciando el sitio de Troya.

Destrucción del país

En algún momento, antes o después del desembarco, los aqueos saquearon otras ciudades. Se menciona que, luego de desembarcar, Aquiles marchó contra Eneas, defensor del Monte Ida, que se retiró.

Aquiles penetró en el territorio, tomando Focea (ciudad de Asia Menor), Colofón (donde Calcante encontró su muerte después de la guerra) y Esmirna (ciudad que se dice fundaron las AMAZONAS).

Luego, el incansable Aquiles tomó Tebas (al este del Monte Ida), dando muerte a Eetión 1, padre de Andrómaca. Luego tomó Lirneso, donde capturó a Briseida, matando a su marido. Luego tomó Clazomena, Cime, Adramitio, Antandro, la isla de Lesbos y, según se dice, muchas otras ciudades.

(Véase también el Mapa «Aqueos y Troyanos», en donde se señalan las ciudades tomadas por Aquiles.)

El problema de Criseida 3

Las más relevantes ciudades en esa lista fueron Tebas y Lirneso. No particularmente por su valor estratégico, sino porque en la primera Agamenón capturó Criseida 3, y en la segunda Aquiles capturó a Briseida. Ambas originaron grandes problemas.

Agamenón había pensado en llevarse a Criseida 3 de regreso en calidad de esclava y concubina. Pero su padre, Crises 3—sacerdote de Apolo—, se apareció bendiciendo a las tropas, en el décimo año de guerra, para ofrecerle al rey de Micenas un generoso rescate a cambio de la libertad de su hija. Los soldados aplaudieron al sacerdote, pero Agamenón rechazó sus ruegos, amenazando al anciano, que abandonó humillado el campamento.

Crises 3, apenas quedó solo, elevó sus ruegos a Apolo, pidiéndole que le hiciera pagar con sus flechas a los aqueos las lágrimas que derramaba. El dios, enterado del ultraje que había sufrido su sacerdote, bajó del Olimpo más negro que la noche (aunque se le conoce como «el luminoso»), y disparó sus doradas flechas contra el campamento aqueo, causando una peste que decimó al ejército.

Reunida una asamblea para discutir la peste, manifestó el adivino Calcante que esa calamidad provenía de la cólera de Apolo, enardecida por los insultos de Agamenón y por su negativa a aceptar el rescate. Oyó eso el rey, y llamó a Calcante «profeta de males», pero aceptó devolver su botín, siempre y cuando se encontrara otro botín que substituyera a Criseida 3. De lo contrario, dijo, él mismo se agenciaría el botín de otro.

La cólera de Aquiles

Al escuchar esa amenaza, Aquiles calificó al rey de intrigante desvergonzado, acusándolo de llevarse siempre la parte del león y de aprovecharse de otros para amasar fortunas y lujos. Agamenón desplegó entonces su autoridad de comandante en jefe, respondiendo que de la misma manera como Apolo le quitó el botín, él le quitaría el suyo a Aquiles, yendo a su tienda y apropiándose de Briseida. De esa manera recibiría Aquiles una lección de poder y dignidad real. Agamenón cumplió su palabra, ordenando que la trajeran a Briseida. Fue así que la cólera anidó en el pecho de Aquiles, sumiéndolo en oscuros pensamientos y manteniéndolo apartado del campo de batalla.

Al transformarse las huestes de Aquiles, los mirmídones, en una masa inerte, los troyanos se aventuraron fuera de la ciudad y atacaron el campamento aqueo, que se encontraba ahora detrás de una valla y una fosa, que los invasores habían construído para protegerse a sí mismos y a sus naves.

La tregua

Pero antes, ocurrieron otras cosas.

Se intentó que el conflicto se resolviera en un duelo entre Paris y Menelao. Al principio, se mostraba aquel reacio a pelear. Pero ante los reproches de Héctor 1, cambió de disposición. Se propuso una tregua para que lucharan los duelantes:

«Oíd de mis labios, teucros y aqueos, de hermosas grebas, el ofrecimiento de Alejandro (Paris), por quien se suscitó la contienda. Propone que teucros y aqueos dejemos las bellas armas en el fértil suelo, y él y Menelao, caro a Ares, peleen en medio por Helena y sus riquezas todas: el que venza, por ser más valiente, llevará a su casa mujer y riquezas, y los demás juraremos paz y amistad.» (Héctor 1 a los dos ejércitos. Homero, Ilíada 3.85).

Y fue aceptada. En la lucha, cerca estuvo Menelao de dar muerte a Paris. Pero cuando ya lo arrastraba de las crines de su yelmo, acudió Afrodita a romper el barbijo de manera que Menelao se quedó con eö yelmo vacío en la mano. Menelao reanudó sus ataques, pero la diosa ocultó a Paris en una nube, transportándolo hasta su propia alcoba en la ciudad. Ahí se encontró Paris con Helena en una clase de duelo para el que era más diestro:

«Ven, acostémonos juntos y seamos felices en nuestro amor.» (Paris a Helena. Homero, Ilíada 3.440).

Pronto apareció otra diosa, Atenea, buscando a Pándaro 1 para hacerlo violar la tregua. Asumió ella el aspecto de Laódoco 3, un lancero troyano, e indujo a Pándaro 1 a disparar una flecha contra Menelao. La herida que causó fue superficial. La misma diosa protegió a Menelao, y Macaón, hijo de Asclepio, lo curó. Pero las hostilidades se reanudaron.

Afrodita herida por Diomedes 2

A Pándaro 1 lo mató después Diomedes 2, quien también habría matado a Eneas, si Afrodita no hubiera intervenido. Pero en ese trance la diosa resultó herida, y tuvo que entregarle Eneas a Apolo para que éste lo protegiera. Persistió Diomedes 2 en sus ataques, y Apolo le gritó:

«¡Tidida, piénsalo mejor y retírate! No quieras igualarte a las deidades, pues jamás fueron semejantes la raza de los inmortales y la de los hombres que andan por la tierra.» (Apolo a Diomedes 2. Homero, Ilíada 5.440).

Áyax 1 contra Héctor 1

Áyax 1 y Héctor 1 se enfrentaron en un duelo que duró hasta que los heraldos los separaron cuando caía la noche. Intercambiaron los adversarios regalos, dándole Héctor 1 su espada a Áyax 1 y éste su cinturón a Héctor 1. Tiempo después, cuando la fortuna lo había abandonado, Áyax 1 encontró razones para quejarse así:

« Desde el día que tomé en mi mano este regalo de Héctor 1, mi más grande enemigo, nada bueno he recibido de los griegos. Sí es verdad el proverbio que dice: los regalos de los enemigos no son regalos y nada bueno traen consigo.» (Áyax 1. Sófocles, Áyax 660).

Efectivamente: Áyax 1 le dio a Héctor 1 el cinturón con que Aquiles lo arrastraría, y Héctor 1 le dio a Áyax 1 la espada con la que éste se suicidó.

Ofensiva troyana

Entretanto, no se solucionaban aún los problemas causados por la negativa de Aquiles a combatir. Zeus le había prometido a Tetis que honraría a Aquiles por el ultraje que había sufrido a causa de Briseida. Les mostraba ahora a los aqueos, mediante la amarga lección de la derrota, el valor del hombre que habían ofendido, y dejó que los troyanos se acercaran a la valla de defensa, amenazando el campamento aqueo.

Envió Zeus a Iris 1 con un mensaje para Héctor 1, enterándolo de que Agamenón sería herido, y que era esa la señal de ataque para salir matando hasta llegar a los barcos aqueos.

Fue aquella una jornada de gloria y victoria para Héctor 1, mientras se quebraban las defensas y los aqueos huían en desorden entre las naves. Logrado esto, volvió Zeus la vista a otra parte, suponiendo que ninguno de los dioses se atrevería a desafiar su prohibición de que asistieran a nadie en la batalla. Pero percibiendo Poseidón que la atención de Zeus abandonaba el campo de batalla, se acercó a la reyerta, y asumiendo la figura de Calcante, vigorizó el coraje de los aqueos.

Cuando Zeus descubrió lo ocurrido, comprendiendo que hasta la vida del mismo Héctor 1 había estado en peligro, restableció de inmediato la línea de acción que había trazado. Dejó que los troyanos llegaran hasta las naves y que Héctor 1 triunfara, para que fueran satisfechos los ruegos de Tetis. Aún así aguardaba el dios la primera nave que se incendiara, habiendo resuelto que, a partir de ese momento, le concedería gloria a los aqueos y derrota a los troyanos.

Regalos apaciguadores

Al deteriorarse la situación militar, intentó Agamenón aplacar la cólera de Aquiles para que volviera a la lucha. Le ofreció siete trípodes, siete mujeres, siete ciudades y muchas otras cosas, incluída Briseida, que Agamenón juró no haber tocado.

Designó Néstor emisarios para que fueran a entrevistarse con Aquiles. Estaban entre ellos Odiseo, Áyax 1 y Fénix 2. Pero regalos, ganancias y riquezas no valían nada en los ojos de Aquiles, para quien la amistad, el honor y el tener un solo semblante, era mucho más importante. Convencido Aquiles de que el rey carecía de medios para aplacar su ofendido corazón, rechazó los regalos del hombre que se había atrevido a cometer contra él el mismo crimen que los aqueos querían vengar en Troya. Pues Agamenón le había robado Briseida, razonaba Aquiles, tal como Paris le había robado Helena a Menelao.

Y como no hubo acuerdo entre Agamenón, que confiaba en la fuerza persuasiva de las riquezas, y el guerrero orgulloso de su propio corazón, nuevas derrotas cayeron todavía sobre los aqueos.

Patroclo 1 es testigo del desastre

Mientras la cólera era dueña de la mente y el corazón de Aquiles, ni los mirmídones ni Patroclo 1 participaban en la lucha. Así sufrían los aqueos severas pérdidas mientras los troyanos amenazaban las naves.

Creyó Aquiles ver a Néstor que cargaba al herido Macaón de Trica (en Tesalia), el hijo de Asclepio, y empezó a sentir compasión por los aqueos. Envió a Patroclo 1 a averiguar si el herido era en verdad Macaón.

Fue entonces que Patroclo 1 conversó con Néstor, quien le rogó persuadiera a Aquiles de volver al combate o de que al menos le dejara combatir a él, Patroclo 1. Néstor lo enteró de los momentos angustiosos que pasaba el ejército, habiendo sido heridos Diomedes 2, Odiseo, Eurípilo 1 y hasta el propio Agamenón.

Se cruzó Patroclo 1 con el mismo Eurípilo 1, que le dijo palabras alarmantes:

«¡Patroclo, del linaje de Zeus! Ya no hay defensa para los aqueos.» (Eurípilo 1 a Patroclo 1. Homero, Ilíada 11.825).

Apresuróse Patroclo 1 a volver a la tienda, en donde le rogó a Aquiles, con lágrimas en los ojos, que volviera a la lucha o le permitiera combatir con su coraza, tal como Néstor había sugerido.

Patroclo 1 muere luchando

La cólera de Aquiles había ya perdido la dureza que tuvo al principio. Le dio a Patroclo 1 su armadura, y lo envió a la lucha al frente de los mirmídones, advirtiéndole que se limitara a alejar a los troyanos de las naves aqueas y que de ninguna manera los persiguiera.

Cuando gracias a la intervención de los mirmídones, los troyanos ya se retiraban derrotados, Patroclo 1 desobedeció aquel consejo, y salió a perseguirlos. En medio de la batalla, Apolo golpeó su espalda, haciendo que cayera su yelmo y que se le aflojara la coraza. Euforbo entonces despidió su lanza contra el indefenso Patroclo 1 que ahora se arrastraba herido. Al verlo, Héctor 1 lo remató, envasándole la lanza en el vientre. Muerto Patroclo 1, se llevó Héctor 1 la armadura de Aquiles.

Lucha y muerte de Aquiles

Fue entonces que el dolor de Aquiles superó a su cólera, haciendo que regresara al combate. Mientras Tetis fue a buscar una nueva armadura para su hijo, convocó éste el consejo de los aqueos. Sin pedir nada a cambio puso fin a su enemistad con Agamenón. Éste, a su vez, reconoció haber sido cegado por los dioses y, proclamándose enmendado, anunció que le pagaría a Aquiles, como compensación, los siete trípodes, las siete mujeres, las siete ciudades y los otros estupendos regalos entre los que se hallaba Briseida, la querida de Aquiles.

Cuando la nueva armadura llegó, Aquiles salió a buscar a Héctor 1, y luego de matarlo ultrajó su cuerpo con la idea de luego tirárselo a los perros, hasta que, por voluntad de los dioses, aceptó el rescate que le ofreció el rey Príamo 1 de Troya. Y como había sido vaticinado, poco después de la muerte de Héctor 1, Aquiles pereció.

De esta forma lo que Héctor 1—el pilar de Troya—no había logrado en combate cuerpo a cuerpo, lo logró Paris desde la distancia. Pues fue Paris el que, con armas mejor adaptadas a lo que acaso fuera un carácter menos audaz, puso fin a la vida de Aquiles, hiriéndolo en el tobillo, y vengando así al hermano que una vez lo despreciara.

Muerte de Áyax 1

Al morir Aquiles, fueron ofrecidas sus armas, como premio, al más valiente. Áyax 1 y Odiseo compitieron por ellas, prefiriendo los jueces a éste. Áyax 1 quiso vengarse y planeó un ataque contra el ejército, pero Atenea le hizo perder la razón, y terminó masacrando rebaños y pastores a quienes tomó por aqueos. Cuando volvió a su sano juicio, se dejó caer sobre la espada que Héctor 1, su enemigo, una vez le regalara.

El arco de Filoctetes

Mientras tanto Filoctetes, en lugar de estar en Troya peleando, había pasado años en Lemnos, utilizando el arma mortal que una vez recibiera de Heracles 1, no para matar troyanos, sino para cazar pájaros que, transformados en comidas, lo sustentaran. Pues el ejército lo había abandonado en aquella isla, vestido como un mendigo, y con escasos víveres.

Se vaticinaba ahora que no se podría tomar a Troya si no volvía Filoctetes con el Arco de Heracles 1. Se enviaron entonces emisarios a Lemnos, con la misión de ir a buscar al hombre que el ejército había abandonado en razón de su atroz herida, y reintegrarlo a la guerra junto con su arco (véase abajo Condiciones para tomar a Troya).

Muerte de Paris

Convencieron u obligaron a Filoctetes a ir a Troya. Al llegar fue curado por Podalirio o por Macaón (ambos hijos de Asclepio). Ya en combate, Filoctetes asaetó a Paris, que seriamente herido por una flecha envenenada regresó a donde Oenone 1 (su primera mujer en el Monte Ida). Pero ella, todavía recordando su traición, se negó a curarlo y lo dejó morir.

Más condiciones para tomar la ciudad

Como el tiempo pasaba y la ciudad seguía en pie, añadieron los adivinos más condiciones para tomarla.

Se dijo ahora que era imprescindible conocer los oráculos que protegían la ciudad. Para obtenerlos, capturaron los aqueos al adivino troyano Héleno 1, obligándolo a cantar. Lo que este adivino reveló llevó a que se recuperara el Hueso de Pélope 1, a que se trajera a Neoptólemo a Troya, y a que Odiseo robara el Paladio

El CABALLO DE MADERA

Al fin, Odiseo concibió una estratagema que permitió tomar la ciudad.

Derribando árboles en el Monte Ida, obtuvo Epeo 2 el material que precisaba para construir un CABALLO DE MADERA, hueco en su interior y con una entrada en un costado. Siguiendo las instrucciones de Odiseo, los aqueos introdujeron a los mejores guerreros en este peligroso artefacto, designando como jefe al mismo Odiseo. Luego grabaron en el caballo una alevosa inscripción:

«Para su retorno a su hogar, hacen los Aqueos esta ofrenda y se la dedican a Atenea.». (Apolodoro, Biblioteca «Epítome» 5.15).

Así simularon los aqueos que desistían de su empresa. Al día siguiente los troyanos encontraron desierto el campamento aqueo, y creyendo que habían huído, arrastraron el caballo y lo pusieron junto al palacio de Príamo 1 mientras discutían lo que harían con él.

La adivina Casandra declaró que había una fuerza armada en su interior, pero como sus vaticinios estaban destinados a no ser creídos, nadie le dio crédito. Confirmó el adivino Laocoonte 2 lo que ella decía, pero lo mataron, en ese momento, ciertas serpientes. Resultó que la mayoría deseaba que se conservara el CABALLO DE MADERA, y ese deseo se respetó.

Puertas abiertas

De esa manera introdujeron los troyanos al enemigo en la ciudad. La flota le encargó a Sinón, a quien los aqueos dejaron atrás cuando simularon su retirada, que hiciera señales con una almenara. Dicen que la propia Helena veló esa noche en su alcoba, haciéndole señales a la flota para guiarla en su regreso. Pues con el CABALLO DE MADERA dentro de la ciudad, pronto se abrirían las puertas y los aqueos harían su ataque definitivo.

Los que estaban dentro del artefacto esperaron a que los troyanos se durmieran para salir del caballo. Empuñando sus armas, iluminaron los muros y le abrieron las puertas al resto del ejército, que ya había desembarcado, retornando de su escondrijo en Ténedos, la pequeña isla frente a la Tróade.

El saqueo de Troya


Sacan a Casandra arrastrada del templo en la noche en que cayó Troya


Procedieron los aqueos a masacrar a la gente en sus camas.

Neoptólemo mató al rey Príamo 1. Áyax 2 aprovechó la confusión para violar a la princesa Casandra, que se abrazaba a la imagen de madera de Atenea, la cual cayó de su pedestal al ser arrastrada la princesa fuera del santuario.

Al pequeño Astianacte 2, hijo de Héctor 1 y Andrómaca, lo masacraron tirándolo desde las almenas, y a Políxena 1, hija de Príamo 1, la sacrificaron sobre la tumba de Aquiles.

Casandra y Andrómaca fueron dadas, como distinguidos premios, a Agamenón y Neoptólemo respectivamente, mientras la reina Hécuba 1 zarpaba, en calidad de sirvienta, con Odiseo. Al llegar al Helesponto, se arrojó la reina al mar, convirtiéndose, según dicen, en una perra.

Menelao llevó a Helena a las naves luego de matar a Deífobo 1, que se había casado con ella al morir Paris. Los hijos de Teseo, Demofonte 1 y Acamante 1, liberaron a Etra, madre de Teseo, que años atrás había sido dada a Helena como esclava.

Una vez repartido el botín, los aqueos incendiaron la ciudad.

«... Las llamas que la consumieron nunca se consumirán.» (G. K. Chesterton).

Lo que ganaron fue, más que nada, fama

Luego de una década de esfuerzos, Troya fue destruída y los JEFES AQUEOS pudieron volver a sus hogares, los cuales, sin embargo, ya no existían como antes, habiéndose transformado en focos de sedición, revueltas y traiciones. Algunos no retornaron jamás, pereciendo durante el viaje en razón de las tormentas y vientos adversos que los dioses desataron para castigar el saqueo de los templos y la violación de Casandra por Áyax 2 en el sagrado recinto de Atenea. Otros sufrieron muchas y largas dificultades antes de volver a sus casas (véase el Mapa «Retorno de los Jefes Aqueos»).


Condiciones para tomar Troya
(vaticinadas antes y durante la guerra)

Aquiles

Cuando Aquiles había cumplido los nueve años, Calcante declaró que Troya no podía ser tomada sin él. Calcante, que acompañó el ejército a Troya, era hijo de Téstor 1. Calcante murió al encontrarse con un adivino más perspicaz que él (Mopso 2, hijo de Manto 1, hija del adivino Tiresias).

Diez años

Luego de sacrificar a Apolo, cuando el ejército aqueo se encontraba en Áulide, salió súbitamente una serpiente del altar que se encontraba junto a un plátano en el que había un nido. Devoró la serpiente los ocho gorriones que estaban en el nido y a la madre de estos, por lo que fueron nueve. Luego se convirtió en una piedra. Calcante declaró que era ésta una señal de la voluntad de Zeus, deduciendo (como sólo un adivino podría hacerlo) que Troya estaba destinada a ser tomada luego de pasados diez años.

Télefo

Los aqueos recibieron un oráculo que afirmaba que Troya no podía ser tomada sin el liderazgo de Télefo, hijo de Heracles 1. Télefo había derrotado a los aqueos en la batalla del río Caico, cuando ellos, por error, desembarcaron en Misia, luego de la primera concentración del ejército en Áulide. En dicha batalla, Aquiles hirió a Télefo. De acuerdo con otro oráculo, la herida de Télefo sólo podía curarse con la lanza que la había causado, por lo que Télefo se apareció en Áulide cuando los aqueos se concentraban por segunda vez. Ahí le rogó a Aquiles que le curara la herida. Teniendo en cuenta el primer oráculo, los aqueos concedieron ese servicio, y Aquiles curó la herida raspando la herrumbre de su lanza. Télefo entonces guió a los aqueos a Troya.

Condiciones reveladas por Héleno 1

Héleno 1, un adivino troyano capturado por los aqueos, fue obligado a cantar como se podía tomar a Troya:

Primero: si se traía el Hueso de Pélope 1. Segundo: si Neoptólemo se unía a la lucha. Y tercero: si se robara de Troya el Paladio, que una vez cayera del Cielo. El Hueso de Pélope 1 (un omóplato) se trajo de Pisa. Luego, al retornar los aqueos de Troya, naufragó la nave que traía el hueso frente a la isla de Eubea. Muchos años después, lo encontró Damármeno, un pescador de Eretria en Eubea. Maravillado de su tamaño lo escondió en la arena. El hueso fue entregado después a los Eleos (pueblo de Élide), en obediencia al oráculo de Delfos.

Neoptólemo se encontraba en la isla de Esciros. Su padre, Aquiles, había vivido allí vestido de doncella por la voluntad de su madre Tetis, que quería impedir que fuera a la guerra. Descubierto el disfraz, la hija del rey Licomedes 1, Deidamia 1, tuvo un hijo (Neoptólemo) con él. Obedeciendo el vaticinio, Odiseo y Fénix 2 (compañero de Aquiles) viajaron a Esciros para convencer a Neoptólemo de que volviera con ellos a Troya.

El Paladio era una estatua de madera que había caído del cielo y que se conservaba en Troya, porque mientras se le conservara, la ciudad estaría segura. Al Paladio lo robaron Odiseo y Diomedes 2, o quizá lo trasladó Eneas a otro lugar.

Filoctetes y el Arco y Flechas de Heracles 1

Habiendo la guerra durado diez años sin que se obtuvieran resultados, vaticinó Calcante que Troya no podría ser tomada si el Arco y Flechas de Heracles 1 no luchaban del lado de los aqueos.

La historia de este arco es la siguiente:

Al cortar y enterrar Heracles 1 la cabeza inmortal de la Hidra, abrió el cuerpo de la bestia y embebió las flechas en su hiel. Una de estas flechas, así envenenadas, hirió accidentalmente a Quirón cuando Heracles 1 luchaba contra los CENTAUROS. Heracles 1 extrajo la flecha y aplicó el remedio que el mismo Quirón prescribió, pero la herida era incurable y Quirón debió retirarse a su cueva. Deseaba morir pero no pudo hasta que Zeus le transfirió a Prometeo 1 la inmortalidad de Quirón. En otra oportunidad, hirió Heracles 1 al centauro Neso 2 cuando éste intentaba violar a su esposa, Deyanira 1. Antes de morir, le dio Neso 2 a Deyanira 1 un amuleto que contenía su propia sangre recién derramada, diciéndole que era un talismán que la ayudaría a conservar el amor de Heracles 1. Tiempo después, al descubrir ella los amoríos de su marido con Íole, untó una túnica con el contenido del amuleto y se la dio a Heracles 1. Al ponérsela éste, entibióse la túnica, y el veneno de la Hidra comenzó a corroer su piel. Heracles 1 comprendió que iba a morir, y habiendo ya acostado en la pira funeraria, le pedía a todos los que por allí pasaban que la encendieran, sin que nadie tuviera el coraje de hacerlo. Al fin Peante (padre de Filoctetes), que se paseaba con su rebaño, le prendió fuego. A él le dio Heracles 1 su arco. Otros dicen que fue el propio Filoctetes quien encendió la pira, recibiendo en pago, el Arco y Flechas de Heracles 1. Camino de Troya, el ejército llegó a Ténedos, donde una serpiente mordió a Filoctetes. Como la herida no curaba y nadie podía sorportar el horrendo hedor que despedía, lo abandonaron en la isla de Lemnos. Sobrevivió ahí Filoctetes, cazando pájaros a flechazos. Años depués se pronunció el vaticinio relativo al famoso arco, y los aqueos enviaron a Odiseo y Diomedes 2 (otros dicen Neoptólemo) a Lemnos para que lo hicieran venir a Troya. Y habiéndose apoderado del arco por la fuerza, trajeron a Filoctetes con ellos. Convertido otra vez en combatiente, Filoctetes asaetó de muerte a Paris. Al terminar la guerra, Filoctetes regresó a Melibea (ciudad de Tesalia). Pero como allí campeaba la sedición, debió emigrar a Campania (en Italia). Allí tuvo que combatir a los lucanios, antes de instalarse en Crimisa (sur de Italia, cerca de Crotona y Turios), donde fundó un santuario de Apolo, dedicándole el arco.


Comentarios del General Tucídides sobre la Guerra de Troya


Thucydides | Tucídides


Tucídides vivió entre 460 y 399 a.C. El siguiente es un fragmento de su Historia de la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C).
Traducción de Vicente López Soto.

El Poder de Agamenón

«(...) A mí me parece que Agamenón, al ser superior en fuerza a los de entonces y no tanto al conducir a los pretendientes de Helena ligados por los juramentos (prestados) a Tíndaro, había reunido la flota. Y los que han recibido por tradición de sus antepasados las más auténticas noticias sobre los peloponenses, dicen también que primeramente Pélope, por la cantidad de riquezas que tenía, llegó de Asia ante unos hombres pobres, siendo investido de poder; a pesar de su condición de extranjero, que dio su nombre al país y más tarde aún mayores [poderes] confirió a sus descendientes (...) Y después de haber recibido por herencia estas cosas Agamenón y al ser al mismo tiempo poderoso en marina sobre todos los demás, me parece que hizo la expedición después de haber reunido la flota no más por complacencia que por temor. Pues él mismo aparece formando parte con el mayor número de naves y suministrando a los arcadios, como Homero así lo ha demostrado, si nos basta para atestiguarlo. Y también en la transmisión del cetro dice [Homero] que él «reinaba sobre muchas islas y sobre todo el Argos». Pues siendo habitante del continente, no hubiese dominado otras islas fuera de las que le eran vecinas (y éstas no hubieran sido muchas), si él no hubiese tenido una flota. Es posible conjeturar también por esta expedición cuáles eran las cosas antes de ella.

Estimación de las potencias antiguas

Pero porque Micenas fuera una ciudad pequeña y si alguna de las pequeñas ciudades de las de entonces no parecen ahora que son importantes, nadie por esto desconfiaría, usando de ello como de una prueba segura, de que la flota no había sido tan numerosa como los poetas han dicho y la tradición lo mantiene. Porque si la ciudad de los lacedemonios hubiese sido devastada y sus templos y los cimientos de sus edificaciones abandonados, seguro que, en un futuro ya alejado, la posteridad no podría creer que su poderío había estado a la altura de su fama (aunque ellos poseen las dos quintas partes del Peloponeso y gobiernan todo él y a numerosos aliados de afuera; y sin embargo, al no hallarse la ciudad edificada como un todo continuado ni habiendo hecho uso de templos y de construcciones suntuosas y habiendo sido edificada por burgos, según la antigua costumbre de Grecia, aparecía por debajo de su reputación); pero si los atenienses hubiesen sufrido la misma suerte, [yo creo] que su poderío debía ser supuesto doble de los que ellos son según el aspecto que muestra su ciudad. No es, pues, natural el ser incrédulo, ni el considerar más los aspectos de las ciudades que sus poderíos, y [se debe] pensar que aquella expedición llegó a ser la más grande de las anteriores a ella, pero que está por de bajo de las de ahora, y si además es necesario confiar algo sobre este punto en el poema de Homero, que, en su con dición de poeta, ha debido embellecerlo y amplificarlo, [esa expedición] aparecerá también según él evidentemente inferior.

Naves y guerreros

Él cuenta, en efecto, mil doscientas naves, las de los beocios con ciento veinte hombres [cada una], las de Filoctetes con cincuenta, queriendo indicar, sin duda, de ese modo, las más grandes y las más pequeñas; no hace mención, al menos, en la enumeración de las naves, de la capacidad de las otras. Y ha explicado, al hablar de las naves de Filoctetes, que todos los que las ocupaban eran a la vez remeros y combatientes; pues describió a todos los remeros como arqueros. No es, pues, verosímil que, aparte los reyes y principales jefes, hubiese a bordo muchos hombres fuera de los necesarios para las maniobras, especialmente debiendo atravesar el mar con aparatos de guerra y no teniendo, por otra parte, las naves con puentes, sino más bien estando dispuestas al modo de las piratas, según la antigua costumbre. Si, pues, se considera la media entre las grandes y las pequeñas, se ve que fueron allí en cantidad no muy numerosa, al ser enviados en común [a una empresa común] desde toda la Grecia.

Problemas de abastecimiento

La razón de ello no era tanto la escasez de hombres como la falta de dinero. Pues por la falta de aprovisionamiento condujeron un ejército inferior al que tenían esperanza, porque debían obtener las subsistencias del país al hacer la guerra. Y una vez que hubieron llegado [a Troya] vencieron en un [primer] combate (pues es evidente, porque no hubiesen construido el atrincheramiento para el campamento), y parece que no hicieron entonces uso de todas sus fuerzas, sino que se volvieron a cultivar el Quersoneso y a saquear el país por falta de víveres. De este modo también los troyanos, al hallarse ellos dispersos, resistieron con la fuerza mejor durante diez años, al hallarse iguales en fuerzas a los que sucesivamente eran dejados [frente a ellos]. Mas si ellos hubiesen llegado teniendo abundancia de víveres y estando reunidos todos de una manera continua sin [dispersarse en fracciones para] el pillaje y el cultivo [del campo], ellos hubiesen tomado [a Troya] más fácilmente al vencer en los combates, pero al no encontrarse reunidos sino con una parte del ejército, la que se hallaba presente sucesivamente, resistían [los otros al enemigo]; si el asedio hubiese sido constante, hubieran tomado a Troya en menos tiempo y con menos fatiga.

Algunas secuelas de la guerra

(...) Incluso después de la guerra de Troya, Grecia se desplazaba y se colonizaba, de modo que se acrecentaba al hallarse tranquila. Porque también el regreso de los griegos de Ilion, tras larga ausencia, renovó muchas cosas y se produjeron sediciones en las ciudades muchísimas veces por las que después de ser arrojados [los vencidos] fundaban ciudades. Y realmente los beocios de hoy día, sesenta años después de la guerra de Troya, luego de que fueron arrojados de Ame por los tesalios, colonizaron la tierra, llamada ahora Beocia y antes Cadmeida (había también con anterioridad una porción de ellos en esta tierra que envió guerreros a Ilion). Y los dorios, ochenta años después, ocuparon el Peloponeso con los heráclidas. Y como luego de transcurrido mucho tiempo y tras de muchas vicisitudes, Grecia hubiese hallado una sólida tranquilidad y estabilidad, envió colonias, y los atenienses, por un lado, colonizaron el país de los jonios y de la mayoría de las islas, y los peloponenses, por otro, la mayor parte de Italia y de Sicilia, así como también algunos puntos del resto de Grecia. Pero todos estos lugares fueron colonizados después de las acciones de Troya (...)»


Abolengo Album - Genealogical Charts

Vista Album - Context Charts


Sources
Abbreviations

See the individual links.

English